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Descripción

Versiones, selección y prólogo: Laura Crespi
 

Prólogo (fragmento)

Poeta de la exactitud, la claridad y la precisión descriptiva, Bishop desplaza su mirada a través de viajes y naturaleza de una geografía en movimiento donde la contemplación registra una proliferación de detalles con un acervo interior: caudal y colección de un sofisticado fluido intelectual, no exento de humor e ironía, que convierte a su vez a la imagen en una especulación del mundo interno. En ocasiones, en un instante, la descripción se detiene y la reflexión y las imágenes, que se desarman y vuelven a armarse, abren los objetos en y para sí, mostrando un universo donde ellos nos sorprenden transformándose y revelándose en infinitas determinaciones que su mirada lúcida examina. El genio imaginativo de Bishop nos proyecta hacia esa labor incesante que es la observación y el descubrimiento del mundo a nuestro alrededor y del mundo que es en nuestro interior. Theòria, además de contemplación, significa también viaje; viaje que se prolonga más allá de lo habitual, a veces también para visitar un lugar sagrado, como podría ser cierto recuerdo de la infancia o un evento sorprendente de la naturaleza que se vuelve extraordinario. Así, cada percepción en Bishop parece elevarse mucho más allá de lo visible, y su periplo despliega en la imaginación un trazo que fluye con el recogimiento que genera la naturaleza, sus detalles más recónditos, su brillo y su intensidad.

 

El iceberg imaginario

Preferimos tener el iceberg al barco,
aunque eso significara el final del viaje.
Aunque permaneciera inmóvil como una piedra de nube
y todo el mar fuera un mármol en desplazamiento.
Preferimos tener el iceberg al barco;
preferimos poseer esta llanura palpitante de nieve
aunque las velas del barco reposen sobre el agua
mientras la nieve se extiende sobre el mar sin disolverse.
Oh solemne extensión flotante,
¿te das cuenta de que un iceberg descansa con vos,
y que cuando despierte podría pastar en tus nieves?

Un marinero daría sus ojos por esta escena.
El barco es ignorado. El iceberg se eleva
y vuelve a hundirse; sus pináculos vidriosos
corrigen elípticas en el cielo.
Es una escena en la que el que pisa las tablas
es crédulamente retórico. El telón
es lo suficientemente liviano como para alzarse
sobre las cuerdas magníficas que disponen los giros
aéreos de la nieve. La agudeza de estos picos blancos
hace sombras con el sol. El iceberg desafía su peso
en un escenario inestable y se detiene y observa.

Este iceberg corta sus facetas desde adentro.
Como la joyería de una tumba
se conserva perpetuamente y se adorna
sólo a sí mismo, y quizá a las nieves
que tanto nos sorprenden sobre el agua.
Adiós, decimos adiós, el barco se va
hacia donde las olas ceden ante otras olas
y las nubes se deslizan por un cielo más cálido.
Los icebergs tocan el alma
(ambos autoconstruidos de elementos menos visibles)
para verlos tan: encarnados, puros, erectos, indivisibles.

 

The Imaginary Iceberg

We’d rather have the iceberg than the ship,
although it meant the end of travel.
Although it stood stock-still like cloudy rock
and all the sea were moving marble.
We’d rather have the iceberg than the ship;
we’d rather own this breathing plain of snow
though the ship’s sails were laid upon the sea
as the snow lies undissolved upon the water.
O solemn, floating field,
are you aware an iceberg takes repose
with you, and when it wakes may pasture on your snows?

This is a scene a sailor’d give his eyes for.
The ship’s ignored. The iceberg rises
and sinks again; its glassy pinnacles
correct elliptics in the sky.
This is a scene where he who treads the boards
is artlessly rhetorical. The curtain
is light enough to rise on finest ropes
that airy twists of snow provide.
The wits of these white peaks
spar with the sun. Its weight the iceberg dares
upon a shifting stage and stands and stares.

The iceberg cuts its facets from within.
Like jewelry from a grave
it saves itself perpetually and adorns
only itself, perhaps the snows
which so surprise us lying on the sea.
Good-bye, we say, good-bye, the ship steers off
where waves give in to one another’s waves
and clouds run in a warmer sky.
Icebergs behoove the soul
(both being self-made from elements least visible)
to see them so: fleshed, fair, erected indivisible.