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Descripción

Catalina, sos abogada
pero no podrías defenderme
de la trama familiar
ni del exceso de nostalgia.
Guardamos algo
por considerarlo pequeño
pero luego se expande
transformándonos
en su territorio.
Cuando abrí la computadora,
escribí tu apellido
e hice click,
supe que te casaste
y tuviste un hijo
hace dos años.
Tus fotos se destacaron
entre miles de otras,
no pensé que había
tantas portadoras
de tu nombre.
Si todas se tomaran de las manos
desde Bielorrusia,
formando una cadena,
llegarían a mí.

 

§

 

Catalina, hay días
en los que las glándulas se corren,
mi pecho se descose
y el corazón sobresale
como en el cuadro de Frida
que pegué en el cuaderno
junto a nuestra foto.
O peor, porque no está
conectado a nada,
es un corderito
que corta a mordiscones
el cordón umbilical.
Le canto
para que se tranquilice
y vuelva a su lugar
pero el corazón
ya vio el mundo
y no habrá
calma.

 

§

 

El geranio es la flor preferida de mamá.
Hay que ponerla junto a la ventana
para que ahuyente a los malos espíritus.

En el libro «Hierbas mágicas»
leí que una parcela de geranios rojos,
plantada cerca de la casa de una bruja,
avisa con sus movimientos
la llegada de visitantes.

En México, los curanderos purifican a sus pacientes
cepillándolos con geranios, ruda y pimienta.

Un día mamá me contó:

Una mujer tenía una casa húmeda
y de aspecto triste.
Se sentía miserable
pensando que todos vivían mejor.
Por las noches iba a visitar a sus vecinas
y se quejaba de su destino.
Una de ellas decidió regalarle un geranio:
Mirá, tiene un poder mágico,
ponela en la centro de la mesa,
cuidala bien.

Una flor te puede cambiar la vida.

¿Fue feliz esa mujer?,
le pregunté a mamá, pero no me contestó.

Al otro día entró en mi cuarto:

Cuando yo era joven
tenía un solo vestido,
un abrigo para el invierno
y un par de sandalias,
la nieve se acumulaba
sobre mis dedos.
En verano salía al jardín,
me bañaba con baldes de agua,
la menta me rozaba
los tobillos,
fui feliz.

 


Natalia Litvinova (Gómel, 1986) es poeta, editora y traductora de poesía rusa. Nació en Bielorrusia y vive en Buenos Aires. Publicó varios libros de poesía, entre ellos, Siguiente vitalidad, Cesto de trenzas y La nostalgia es un sello ardiente. Su obra ha sido publicada en Alemania, Francia, España, Chile, Brasil, Colombia y Estados Unidos.