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Descripción

1990

 

Miss Martha dice que hablo inglés

cada vez mejor.

Tiene los ojos grandes

y unos rulos que le llueven sobre la cara.

Cuando me pide que elija

mi personaje favorito

yo digo Heathcliff,

el de Cumbres Borrascosas.

Es negro, malo, lo encontraron en la calle,

se pelea con todos

y está enamorado de un fantasma.

Le dicen que es hijo del diablo,

que aunque estudie francés

o se vista bien

nunca nadie lo va a querer.

A la noche le grita al viento

y se queda

junto a la ventana.

Antes de entrar al taller de soldadura

Willy, Ale, Lucas, Dieguito y yo

nos escapamos al Mato Grosso.

El Mato Grosso es un descampado

con una laguna artificial,

hay planchas de telgopor gigantes,

hierro oxidado y algunos animales muertos.

Ellos se meten al agua y hacen guerras,

revolean juncos,

reman con palos,

se embarran los pantalones y gritan.

Nunca me animo a entrar.

Me quedo mirando desde afuera.

Siempre me quedo mirando desde afuera.

 

 

 

1992

 

Antes de la primer patada en la cabeza

les quise explicar

que no, que la bandera de los ingleses

en la remera de los Pistols

no nos hacía enemigos,

éramos todos iguales, hijos

de millones de obreros en la mala.

Que eran lo mismo Sheffield y Rosario

Brixton era igual a Barracas,

que las curtiembres vacías de Salford

eran iguales a los paredones de Gerli,

pero no, la primer patada resonó

adentro de mi cráneo

y gritaron aguante los Redondos

y me hice bolita en la arena

mientras Dominguez,

que había vivido de chiquito en Alemania

con un documento falso

por si los milicos lo iban a buscar,

me cubría con todo su cuerpo

para recibir la mitad de los golpes

y amanecía,

el mar subía hasta las carpas,

revoleaba las sillas,

se tragaba los castillos de arena

que habían dejado los enamorados

a la noche

y los pájaros marinos chillaban

para reunirse antes de la migración.

 

 

 

1994

 

Que este mundo se quede

para siempre en mí.

El tumulto sagrado de los días

en que fuimos jóvenes.

Ustedes amigos, quédense

para siempre en mí.

Los fantasmas de lo que fuimos,

lo que no pudimos ser,

viajando por las autopistas del futuro.

Las ranas cantando después

del chaparrón.

Los puentes temblando,

casi a punto de caer.

Los edificios abandonados,

las nubes blancas, el viento,

la arena y los peces

boqueando sin aire.

El río sucio, traicionero

los silos llenos

del girasol que se pudre,

este año que se desvanece.