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Descripción

Hay un territorio fronterizo donde los seres y las cosas parecen existir apenas enunciados, un lugar donde las palabras evocan animales y paisajes, situaciones y leves acontecimientos dotados de una intensa fantasía que sin embargo es tan real como este cuaderno donde escribo. Los libros reunidos en este volumen conforman un conjunto de potentes visiones, que se suceden en un ritmo sostenido y persistente. Un caballo, una remera, los nombres posibles del amor y de la ausencia, el vitalismo y la belleza, todas contraseñas perdidas que se quieren volver a recordar, para recuperar algo, cualquier cosa. Paula Trama, esa gran artista que desde sus múltiples proyectos supo y sabe interpretar nuestra confusa época llena de desvíos y posibilidades, con este libro nos conmueve una vez más, invitándonos a formar un poco parte de sus emociones y secretos.

Francisco Garamona

 



Antes del caballo

El caballo no es un recipiente
que acaricies y siempre esté llenándose
Tan profundo e irritante es que parece anterior a la fauna
Redondea los médanos, se enreda en los sauces
fragmenta la arena
Tan hostil parece y sin embargo no está presente
No se sabe de qué caballo es parte
parece anterior a los caballos



Remera

Con el pico de sol y el fin del almuerzo, aparecen las ambulancias.
Entonces me pongo algodones en las orejas y salgo a la vereda a verlas pasar. Algunas se detienen cerca, se abren, y la calle se llena de médicos.
Me pongo la visera y los sigo con la mirada: los más jóvenes van hacia el Coto. Tienen cuerpos casi gordos y los ojos inflamados. Inventaron una sensualidad de grupo, entre comprensiva y gélida. Uno me sonríe al pasar.
Los médicos aman el suspenso, rechazan las dudas y el silencio. Los peores odian los síntomas. El mejor es el que usa la remera de calaveras. De él no espero antídotos, voy a la guardia al mediodía sólo para verlo hambriento. Y sin que me lo pida, me subo a la camilla y me quedo dormida. Entonces la verdad brota más rápido: él llama al restaurant, pule la manija de la puerta, recibe un mensaje de texto.



No entiendo, no entiendo, no entiendo

B es de escorpio. Escribe feo, pero habla hermoso. Se excita si algo es claramente tonto: un tipo le dijo “Me gusta cuando callas” mientras tomábamos té en un bar, y ella se fue con él. Al día siguiente la llamé con un libro de Neruda en la mano y le recité el poema completo. B pensó que era una tontería clarísima, pero no la calentó. Me dijo que no le gustaban los poemas. Y después se puso de novia con la new age, una que yo había visto primero.



Mi esposa

Fantasía, no entiendo qué pasa
ayer llegué a casa y la cama estaba fría
la cena también, estaba helada
sobre el mar mi mirada hacía la plancha
hacia las olas vuela una paloma blanca
vuela que te vuela y se alejaba
con los marineros, doce temporadas de la amistad
entre los piratas, unas vacaciones de amor carnal
y, al punto, parado sobre el hombro del capitán desnudo
un pájaro verde cautiva su mirada
La paloma y el loro, del descanso hastiados
del oro y las alfombras
vuela que te vuela, atraviesan las olas…
tu eco en el tubo
que a nada contesta
frío, barajado
enfila vagones, trenes de toallas
una
cae
alguien se ha duchado,
ha mordido mi cena
duerme sobre mi cama
ah, fantasía voladora
uh, fantasía aventurera



Turismo

Estoy escondida leyendo a la poeta. El jefe me busca, pero yo me subí al mueble más oscuro y no me puede ver. Tengo vértigo y mi libro de poemas. Qué suerte que se desarma, hay poco espacio. Qué suerte que tiene letras fosforescentes, no hay casi luz. Alrededor, un monte de pelusas. Por debajo de los estantes, la librería en sí. Algo me corta el antebrazo: es una plaqueta de hierro, de una editorial fundida. Trae un poema feo calado a fuego que cae con ruido y vuelve obvia toda la situación. Tengo que bajar ya a atender, con mi libro en la mano. Caigo parada debajo de los spots y me reflejo en la vidriera: soy un bicho de pelusa con un tajo en una pata. Digo “hola!” cuando un grupo de clientes se arrebata “¡¿qué libro leíste, qué libro fue?!”. Toda la tarde vendo el libro de la poeta hasta agotarlo. Algunos se abalanzan sobre los últimos ejemplares y otros dejan señas y lágrimas. Los que salen felices sin el libro van a tatuarse los nombres de sus novias en la piel.