| 1 cuota de $35.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $35.900 |
| 2 cuotas de $21.448,45 | Total $42.896,91 | |
| 3 cuotas de $14.892,51 | Total $44.677,55 | |
| 6 cuotas de $8.490,94 | Total $50.945,69 | |
| 9 cuotas de $6.314,41 | Total $56.829,70 | |
| 12 cuotas de $5.313,20 | Total $63.758,40 |
| 1 cuota de $35.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $35.900 |
| 1 cuota de $35.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $35.900 |
| 12 cuotas de $4.857,86 | Total $58.294,42 |
| 3 cuotas de $11.966,66 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $35.900 |
| 6 cuotas de $7.062,72 | Total $42.376,36 | |
| 9 cuotas de $5.798,24 | Total $52.184,24 | |
| 18 cuotas de $4.028,77 | Total $72.518 |
| 1 cuota de $41.274,23 | Total $41.274,23 | |
| 6 cuotas de $7.653,88 | Total $45.923,28 |
| 3 cuotas de $13.758,07 | Total $41.274,23 |
| 3 cuotas de $14.839,86 | Total $44.519,59 | |
| 6 cuotas de $8.471,20 | Total $50.827,22 | |
| 9 cuotas de $6.527,41 | Total $58.746,76 | |
| 12 cuotas de $5.530,69 | Total $66.368,33 | |
| 18 cuotas de $4.607,16 | Total $82.929 |
| 1 cuota de $35.900 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $35.900 |
| 3 cuotas de $11.966,66 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $35.900 |
| 3 cuotas de $13.210 | Total $39.630,01 |
| 3 cuotas de $13.949,54 | Total $41.848,63 | |
| 6 cuotas de $7.800,47 | Total $46.802,83 |
| 6 cuotas de $7.263,16 | Total $43.579,01 |
| 9 cuotas de $5.951,02 | Total $53.559,21 | |
| 12 cuotas de $5.031,08 | Total $60.373,03 |
| 9 cuotas de $6.509,46 | Total $58.585,21 | |
| 12 cuotas de $5.665,02 | Total $67.980,24 |
Para las ciencias humanas, los mundos campesinos son algo remoto. A pesar de que cada día se vuelve más y más evidente que la vida en la Tierra depende, precisamente, de lo que suceda “en la tierra”, se sigue situando esos mundos en el pasado y en un afuera del pensamiento, una terra incognita. Paradójicamente, la vida campesina es “pensada” por cientistas que no trabajan los suelos, pues, según parece, esa vida no puede “pensarse a sí misma”, desde las prácticas conjuntas y las voces humanas y vegetales que habitan los campos.
Esta exclusión, necesaria para conservar el paradigma de la Economía y la Producción, viene de lejos: fisiócratas, liberales y marxistas han discriminado ontológicamente a las plantas a lo largo de la historia, habilitando una distancia que permitió explotarlas mejor.
Este libro se propone rastrear y combatir esa distancia. Pero para ello hace falta “animar” el mundo agrario, atender al hecho de que las plantas son seres sensibles e inteligentes y, por qué no, intuitivos. Desarmando sus propias persistencias teóricas, y entregándose a lo que llama una “etnografía especulativa”, Dusan Kazic descubre que los campesinos y las campesinas animan a las plantas desde siempre, que existe una ecología afectiva que los hace trabajar en conjunto, y que de ese modo emerge un mundo generativo más que productivo, cooperante más que extractivo.
Así, a través de los gestos de recolectar, trasplantar o desmalezar, y de historias contadas por quienes conviven con las plantas, se vislumbra un mundo no idealizado donde hay lugar para amarlas o maldecirlas, comerlas sin por ello retirarles el afecto, cuidarlas y ser cuidados por ellas, disculparse ante el descuido o la fatalidad, abandonarlas y regresar a ellas, sufrir y gozar por y con ellas, vivir y morir junto a ellas. Y seguir fabulando posibles inseparados.
