| 1 cuota de $15.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $15.000 |
| 2 cuotas de $8.961,75 | Total $17.923,50 | |
| 3 cuotas de $6.222,50 | Total $18.667,50 | |
| 6 cuotas de $3.547,75 | Total $21.286,50 | |
| 9 cuotas de $2.638,33 | Total $23.745 | |
| 12 cuotas de $2.220 | Total $26.640 |
| 1 cuota de $15.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $15.000 |
| 1 cuota de $15.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $15.000 |
| 12 cuotas de $2.065,50 | Total $24.786 |
| 3 cuotas de $5.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $15.000 |
| 6 cuotas de $2.966,50 | Total $17.799 | |
| 9 cuotas de $2.455,33 | Total $22.098 | |
| 18 cuotas de $1.726,66 | Total $31.080 |
| 1 cuota de $17.340 | Total $17.340 | |
| 6 cuotas de $3.228,50 | Total $19.371 |
| 3 cuotas de $6.121,50 | Total $18.364,50 | |
| 6 cuotas de $3.465,75 | Total $20.794,50 | |
| 9 cuotas de $2.651,83 | Total $23.866,50 | |
| 12 cuotas de $2.231,75 | Total $26.781 | |
| 18 cuotas de $1.888,33 | Total $33.990 |
| 1 cuota de $15.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $15.000 |
| 3 cuotas de $5.000 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $15.000 |
| 3 cuotas de $5.456 | Total $16.368 |
| 3 cuotas de $5.513,50 | Total $16.540,50 | |
| 6 cuotas de $3.024,75 | Total $18.148,50 | |
| 9 cuotas de $2.693,16 | Total $24.238,50 | |
| 12 cuotas de $2.314 | Total $27.768 |
| 3 cuotas de $5.828,50 | Total $17.485,50 | |
| 6 cuotas de $3.259,25 | Total $19.555,50 |
| 6 cuotas de $2.967,50 | Total $17.805 | |
| 9 cuotas de $2.486,50 | Total $22.378,50 | |
| 12 cuotas de $2.102,12 | Total $25.225,50 |
Sube, baja, entra, sale. Toma colectivos, toma subtes. Camina, camina, camina. La Valeria de estos poemas anda siempre al acecho: la mirada ansiosa, el oído agudizado. Recorre la ciudad -o esa porción que le toca- tratando de encontrar lo que, ya sabe, ahí no se encuentra: entre las cúpulas, un bosque; entre las bolsas del Abasto, alguna que se parezca a una gaviota cocinera.
Es ambiciosa: persigue lo imposible. Pero, a la vez, es humilde: no anda en busca de lo inmenso. Lo que ella quiere es tan poquita cosa. Comer cosas ricas, pensar poco y que todo lo que ama la sobreviva. Ser una chica en lo pequeño, para siempre. O también, ser una chica vaga del arte: ya no tener que entregar el cuerpo, incendiarse entera, para que llegue el poema.
¿Ser todavía la niña, el cachorro, el corazón de ternero? Un susurro de abuela en el oído y frente a los ojos, mire adonde mire, una vista privilegiada. No sentir, todo el tiempo, esa sed por lo que falta. “Es tan obvio y triste que no podemos volver”, anota, y a sus queridas nos desgarra. Sabemos lo que es mirarnos al espejo y descubrir los rasgos nuevos: el atropello del amor, la ciudad y los nervios. Pero también, y esto es lo que me encanta, es tan obvio y alegre lo que esa cara trajo. Esa voz ancestral para evocar odas chiquitas. Esa valentía con la que arrulla entre dos dedos -¡y temblando!- todo lo pequeño: la vida, el cariño, los problemas, los caballos. A ella misma, la que era.
Amo la vida ahora que puedo ser todas las cosas/ y esta ciudad me ama a mí también / me recuerda que soy pequeña y acariciable.
Catalina Cabral
